lunes, 6 de febrero de 2012

1-1 EL CABALLERO DE GALINOR


Oth Up´Levi, baronet de Uskar, más conocido como el caballero de Galinor, volvió a observar a sus compañeros de barracón que formaban un círculo para jugar al ‘Siete Suertes’, un absurdo juego de dados muy popular, del que hacía un mes ni siquiera había oído hablar. Se animaban a gritos, reían con ganas y se daban fuertes palmotadas en la espalda dejando caer sus escasas monedas antes de lanzar los dados.
Oth restregó sus manos por la cara en un gesto de desesperación, como intentando despertar de un mal sueño. Estuvo un momento aislado del mundo, en una posición casi fetal, antes de apartar las manos y descubrir, de nuevo,  que la caterva de inútiles que formaban su unidad, seguía jugando ajena al destino que les esperaba. En una semana todos estarían muertos.
Había pasado un mes desde que había tenido que alistarse en el ejército, bajo nombre falso, para huir de las iras de su padre por aquel asunto con su hermanastra… Un mes desde que había acabado junto a un centenar de maleantes y campesinos en las filas de XIV Cuerpo de Irregulares, un mes desde que había arruinado su cómoda vida en la corte del Autarca, un mes alejado de un buen vino, una comida decente o una muda de ropa que no causara rojeces en su delicada piel. De hecho se estaba poniendo moreno, un vulgar tono marronáceo cubría sus antebrazos y su cara, manchitas y pequeños pellejos de piel salpicaban su cuerpo que hacía un mes no hidrataba con el aceite de almendras que le compraba a la señora Elaine en aquella tiendecita tan encantadora de la Plaza de las Magnolias. Y qué piel tan suave tenía la señora Elaine…
Eso sí, estaba a salvo, ninguno de los agentes del Autarca (o de su padre) lo reconocería. Su bigote encerado, envidiado por sus amigos, era ahora un recuerdo entre una barba crespa; sus rizos castaños, que antes se mecían al viento, acunaban a jóvenes piojos y, estaba seguro, sus casacas fabricadas a medida para entallar su cintura le quedarían grandes y desajustadas.
- ¡Mierdecillas! Os quiero a todos, ¡ya!, formados con equipo completo en el campo dos. –Malayerba, el armígero que hacia las veces de instructor, había entrado en el barracón reventando la puerta de una patada-. ¡Mas deprisa! Venga, cagarros de mulo, instrucción con lanza en cinco minutos.

Qué el último en llegar a la formación con el equipo completo, fuera recompensado con una guardia limpiando letrinas animó a todos los presentes en el barracón a dejar la partida de ‘Siete Suertes’, vestirse apresuradamente y salir, empujando y pisando a sus compañeros del XIV Cuerpo de Irregulares, en dirección al campo dos, a toda velocidad.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada